Pasos Perdidos
La administración del miedo
Traductor: Salvador Pernas Riaño
Idioma original: Francés
Páginas: 120
Primera edición: 2012
ISBN: 978-84-92979-25-7 / 978-84-939879-2-3
PVP: 13 €
Formato: 13 x 21 cm

La administración del miedo

Paul Virilio

Pánico bursatil, crisis económica, cambio climático, terrorismo indiscriminado, catástrofes de origen tecnológico, nuevas pandemias... La enumeración de las amenazas y los miedos contemporáneos es creciente y casi inacabable. ¿Se trata sólo de uno de los movimientos de terror que ya se han producido en otros momentos de la historia?

Para Paul Virilio es muy razonable tener hoy miedo, porque la esperanza que se había depositado en el Estado de bienestar tiene cada vez menos fundamento. Los Estados sustituyen su función primordial de garantizar la seguridad física, económica y política de sus ciudadanos por una nueva seguridad globalizada y ajena a los individuos. La nueva ideología "seguritaria" hace del miedo, de su orquestación y su gestión, una política que amenaza la propia democracia.

También es consecuencia de una hipermodernidad que ha abolido las distancias y de las nuevas tecnologías que han producido una aceleración del tiempo humano, obligándonos a estar permanentemente conectados con la actualidad. Pero este culto a lo inmediato provoca un profundo malestar en la civilización y socava nuestra relación con el mundo.


Paul Virilio
Paul Virilio

Paul Virilio (Paris, 1932), arquitecto, urbanista y filósofo próximo a los grandes autores de la posmodernidad (Deleuze, Lyotard, Baudrillard...), ha desarrollado durante cuarenta años una reflexión crítica que se ha plasmado en más de veinte obras: La inseguridad del territorio, Velocidad y política, Estética de la desaparición, La bomba informática o El futurismo del instante.

Teórico de la velocidad, de lo virtual e instantáneo, y de las consecuencias del desarrollo tecnológico en la sociedad, su obra ha ido adquiriendo una influencia progresiva y profunda, y constituye hoy una referencia obligada en el pensamiento contemporáneo.


Notas de prensa
Notodo.com - 19/07/2012
La administración del miedo
Por David Cano

El terror es efectivamente el resultado de la ley del movimiento.
El miedo es mundo, es pánico en el sentido del término griego, en el sentido de “totalidad”.
Creo sobre todo que hay una especie de destino ligado a un acontecimiento tan extraordinario como el que hace que la velocidad domine la luz. Hoy es la velocidad la que ilumina la realidad, cuando siempre fue la luz la que dio forma a los objetos del mundo… la velocidad ha tomado el poder… Lo que estamos viviendo adopta la forma de una especie de religión que puede relacionarse con el regreso al culto solar en el cual, sin embargo, la velocidad hubiera sustituido a la luz. Asistimos al retorno de un gran mito, alentado por la propaganda del progreso. No hay detrás ningún deux et machina, ningún Papa, pero lo cierto es que ya no vivimos en el Siglo de las Luces, sino en el de la velocidad de la luz.

El último de los trabajos del pensador italiano-francés reflexiona sobre un concepto que, aunque siempre ahí y útil para la descripción más filosófica y antropológica del ser, hoy nos acosa con otros efectos y desde otros hábitats, quizás más cotidianos y nuestros, acaso también por eso más peligrosos; el miedo. Gran aliado de lo contemporáneo y siempre un motivo ideológico, también eidético, recurrente en la obra del autor. Un análisis filosófico-político, pero también ampliamente estético (no hay que olvidar que además de teórico, crítico y analista político-cultural interesado en la aceleración y el poder, así como en los conceptos de ciudad, ejército y los modelos de guerra, Paul Virilio es también arquitecto, urbanista, trabajó con Braque y Matisse y, por ende, es algo más que diletante, como ya hemos contado alguna vez) sobre el fenómeno del miedo y su origen, su instauración y su incesante perpetuación en el mundo. De nuevo el mal mundo. Mundo miedo. En su estrategia discursiva, Virilio vuelve a echar el ancla en la economía política de la velocidad y en ese concepto tan suyo de dromología que explica los abusos anestesiantes del mundo moderno donde la construcción espacio-temporal deviene constricción y estrangulamiento en una tiranía soberana que descubre la in-seguridad del concepto de Estado como el nuevo asaltante y, en gran medida, como la maquinaria capaz, responsable y generadora de esas dosis de miedo paralizante. Algo con lo que, a día de hoy, y especialmente en los países más débiles de Europa, estamos aberrantemente familiarizados. Señalar esa aberración, denunciar las lógicas que lo permiten y precipitan y discurrir nuevamente en voz apocalíptica sobre el desastre nuestro es en lo que Paul Virilio se detiene en La administración del miedo, el último de sus ensayos (y próximo a Ville Panique) publicado recientemente por Barataria y Pasos Perdidos.

Como ya lo hicieran futuristas y surrealistas, de una manera y de otra, esa apreciación de la velocidad sintomática, traumática, es especialmente sensible en este nuevo breviario de Paul Virilio en forma de entrevista dirigida por Bertrand Richard, quien también da prefacio y sitúa al lector antes de sus cuestiones. Con la acostumbrada lucidez algo lacerante del de adopción francesa, que hábilmente equipara las raves parties a las fiestas barrocas, entre muchas otras analogías filosófico-estéticas, se encarga de confirmar cómo es esa velocidad la que fulmina la reflexión del ser y la de su propio tiempo en contextos donde se tocan los límites de la instantaneidad invocando en parte a nuestro Castells y siguiendo a algunos de los pensadores que más han influido en su obra, como McLuhan, Lyotard, Deleuze o Baudrillard. Y que despoja al ser de toda duración en una falsa sensación de liberación donde éste ya no ocupa, sino que se pre-ocupa, dando lugar, entre otras cosas, al estrés y al miedo en su propia interrogación por sobrepaso. Señala así al arrebato y a la ira como la canalización drenada del excesivo golpeo informativo, de las que él llama bombas informacionales, que sincronizan emociones a nivel global promoviendo un hábitat global, cósmico, donde el pánico es compartido en un nuevo entorno cotidiano. Parte y reparte contra el Estado, como aniquilador de la polis o el pueblo, aquél que guarece, las tecnologías de la información, nuestra minusvalía en la percepción del mundo, las redes sociales (ese veneno que engendra y cronifica patologías en el mundo suprapatológico), los éxodos y nomadismos, el masoquismo voluntario, la promoción del progreso que no hace sino acentuar nuestro retraso, el individualismo de masas, el comunismo de los afectos, el sino fractal, incierto y fragmentado; y ese concepto tan clásico (y siempre tan recurrente para lo moderno) que es hybris (no el sello discográfico sueco) y que revisa esa desmesura tan arrogante, perversa y execrable en sí misma que ya contempla su pena y castigo. Así vamos. Así nos va. El miedo es mundo. Mundo miedo.

GoMag - 04/07/2012
La administración del miedo
Por Matías Bosch

Con la llegada del siglo XXI, las fobias se han disparado a lo largo y ancho del mapa. Miedo al desempleo, al terrorismo, a las pandemias, a la quiebra bursátil.... El pensamiento
pre-apocalíptico del filósofo y urbanista Paul Virilio está a la orden del día y lo que es peor, anticipa un futuro repleto de agujeros negros. A través de esta extensa entrevista se da repaso
al cúmulo de ideas que Virilio ha venido desarrollando durante décadas, la mayoría de ellas apoyadas en las teorías de Bergson y que conforman uno de los pilares del postmodernismo.
Repitiendo su discurso sobre la velocidad, en el que se refiere a una aceleración constante de la vida del ser humano occidental bajo la batuta de la tecnología y las
hiper-desarrolladas ciencias de la comunicación, el francés ahonda sin reparos en su visión de la globalización, que tiene su génesis en el sometimiento voluntario (masoquista) de
la población a un ritmo vital que circula por inercia hacia la destrucción. Señala con el dedo a polítcos y comunicadores como los verdaderos administradores del miedo colectivo:
“Habría que controlar la dominación que ejerce el progreso. Hay que distinguir entre progreso y propaganda. El culto a la velocidad es la propaganda del progreso”. “La administración
del miedo” en su conjunto, se entiende como un acercamiento y constatación de lo que se expuso ya en otras obras del autor editadas en nuestro país como “Lo que
viene” (Arena libros, 2005) o “El cibermundo: la política de lo peor” (Cátedra, 1997).

Imprescindible.

El Huffington Post - 12/06/2012
La tiranía del instante
Por José María Lasalle

Hay quien afirma que el miedo es el peor de los asesinos porque no mata, pero no deja vivir... Si asumimos esta reflexión, entonces, no cabe duda de que más de uno pensará que tenemos por delante un paisaje de pesadilla. De hecho, ¿acaso hay alguien que no crea ya que el miedo se ha convertido en la estructura del mundo después de que la despiadada crisis irrumpió en nuestras vidas? Un fantasma recorre Europa y no es aquella revolución de la que hablaba Marx. El estremecimiento lo produce ahora el miedo. O, para ser más exactos, ese miedo al miedo frente al que Franklin D. Roosevelt prevenía en su discurso presidencial de 1933, cuando la Gran Depresión aplastaba como una losa el sueño americano.

Pues bien, La administración del miedo (2012), de Paul Virilio, trata de desmenuzar las teselas del mosaico de este "aquí y ahora" atemorizante que padecemos debido a la implosión de la seguridad que generaba la percepción lineal del progreso y la capacidad de previsión que se tenía sobre la misma. En ello ha influido la crisis pero también una mentalidad que ha sido fácil víctima de ella al sustituir lo real por lo virtual, los hechos por los deseos y la acumulación por la aceleración como referente del bienestar. Una mentalidad deslocalizada e hiperactiva que sustituye los ojos del otro por la pantalla, la caricia por la pulsación de la tecla y la policromía de la voz por el intercambio de mensajes.

Geógrafo de la velocidad y psicólogo de la tecnología, Virilio hiende en La administración del miedo el escalpelo de la sutileza sobre los abultados pliegues de una realidad multiplicada y acelerada que no nos da tregua. Vivimos la tiranía del instante y el barullo agónico de un tiempo real que impide reflexionar desde la distancia confiada de dejar pasar las cosas para verlas decantarse y decidir sobre ellas. Nuestro campo de visión sobre el mundo se ha reducido por un exceso de hiperconexión. "Todo lo sólido se desvanece en el aire", como en La tempestad de Shakespeare y al perder el suelo bajo nuestros pies, el abismo abre sus fauces y elimina nuestra capacidad de análisis ante lo inesperado. Fundidos en el parabrisas de un presente virtual acelerado, hemos perdido el sentido de lo lateral al prestar nuestra atención tan sólo a lo que tenemos delante. La inercia del instante se ha hecho totalitaria y anula nuestra identidad al incapacitarnos para pensar y evaluar con templanza lo que sucede a nuestro alrededor. Con todo, el mayor peligro que proyecta la emergente estructura de miedo que se insinúa en el horizonte es que propicie la aparición de un nuevo Hobbes que teorice sobre la necesidad de edificar el Leviatán del siglo XXI.

La Vanguardia.com - 11/05/2012
¿Tienes miedo?
Por Albert Lladó

La administración del miedo, editado en España por Pasos Perdidos, recoge las reflexiones de Paul Virilio (París, 1932), arquitecto, urbanista y filósofo cercano a los postulados de Deleuze, Lyotard o Baudrillard.

El pensador francés, teórico de la velocidad, se interroga constantemente por los efectos y consecuencias de lo virtual y lo instantáneo en nuestra forma de vida. Tal y como apunta Bertrand Richard en el prefacio, el “principio de terror” se basa en un doble fenómeno, el que ha puesto en duda que la ciencia pueda garantizar la seguridad y, por otra parte, de qué manera el miedo “ha pasado de quimérico a ser fundamento del pensamiento y la acción”.

El ensayo en forma de entrevista, revela el diagnóstico de una política sin polis, donde los hombres quieren gestionar una ciudad, un país, cuando “carecen de lugar propio”. Virilio defiende, así, que el “terror es la consagración de la ley del movimiento”. Incluso, el pensador habla de una especie de “claustrofobia” del ciudadano posmoderno que siente pánico (en el sentido griego de “totalidad”). Y, del mismo modo, denuncia que los estados se sienten tentados a “hacer del miedo, de su difusión mediática, de su gestión, una política”.

Velocidad y desmesura
Virilio aborda la cuestión de la velocidad creando conceptos con los que referirse a la aceleración que nos condiciona. De este modo, la “dromosfera” es una suerte de constricción del espacio-tiempo en el campo de la comunicación: “hoy en día el momento de inercia del instante domina la inercia del lugar”.

Ideas como la simultaneidad, en esta línea, son imprescindibles para comprender la falta de protagonismo de la filosofía en la actualidad, donde lo mediato y lo inmediato son irreconciliables. Para el francés, la teoría crítica debe pensar en “una economía política de lavelocidad, que tome el relevo de la tradicional economía política de la riqueza”. “No hemos dado forma al misterio del tiempo”, añade. Ha reaparecido hoy la hybris griega, la noción de desmesura, que ha vuelto a instaurarse. Por ello, Virilio apuesta por “mantener la cronodiversidad”.

El urbanista nos avisa: “en ningún caso se trata de un conflicto entre Antiguos y Modernos, tecnófilos y tecnófobos”. La dromología es, según sus propias palabras, u problema de ritmo. Si las redes sociales permiten una “sincronización de las emociones a escala mundial”, también facilitan una política del miedo en tiempo real, quitando protagonismo al “espacio real”. En este sentido, Virilio asegura que Fukuyama se equivoca: “no se trata tanto del fin de la historia como el de la geografía”.

La disuasión civil
Paul Virilio insiste en que no está “en contra de las nuevas tecnologías sino en contra de su promoción”. Nos habla en términos de una “contaminación” de la distancia que reduce la visión “lateral”. Para explicárnoslo mejor, utiliza metafóricamente la imagen del parabrisas del coche: “para sobrevivir hay que anticipar lo inesperado, porque lo inesperado nunca llega de frente”. Y añade que no es casual que los animales tengan ojos situados a cada lado de la cabeza: “los depredadores atacan por los lados o por detrás”.

La confusión entre progreso y propaganda, el culto a la velocidad, es también un tema político que afecta a “la disuasión civil”. La ubicuidad y la inmediatez no son sino formas de inmovilismos”, sostiene. Aquí Virilio vuelve a utilizar un neologismo, la “forclusión”, para expresar el cambio que se ha producido en las sociedades avanzadas, que han pasado de ser espacio de libertad para convertirse en “ciudades privadas, protegidas por su cerco eléctrico, cámaras de seguridad y guardias”. Síntomas de la “regresión patológica” a la que estamos sometidos, asegura el filósofo.

El teórico tiene claro que “sólo de una conciencia más profunda de la crisis surgirá una esperanza política” ya que, según sus propios argumentos, “hemos alcanzado los límites”.

Boca de sapo - 04/05/2012
Cuestión de Ritmo
Por J. S. de Montfort

En su último libro publicado en castellano, La administración del miedo, y que se presenta bajo la forma de una larga entrevista, ahonda el fenomenólogo Paul Virilio en su idea de la tiranía del tiempo real, cuya aceleración ya habían denunciado largo tiempo atrás los surrealistas; velocidad que, según el teórico crítico francés, se ha convertido en un nuevo “culto solar”. Contra la presencia invasiva de la velocidad, Virilio propone “una cultura del empleo del tiempo, un modo de vida distinto y opuesto [al régimen de la velocidad que no distingue ya entre pasado, presente y futuro]”. Virilio mira a esta velocidad desde lo viviente, lo vivo (siguiendo a Bergson), y desde la concepción del espacio como lugar en y a través del que experimentamos nuestro propio cuerpo (siguiendo a Husserl).

Así, Virilio reflexiona sobre la velocidad pero no como un fenómeno singular, sino como “la relación entre los fenómenos”, como relatividad que ha de entenderse desde la dromología (la ciencia del movimiento y la velocidad). Virilio demanda una cronodiversidad, es decir, la libertad de poder acceder a una variedad de ritmos humanos. Porque lo que aquí está denunciando el pensador francés es que la crisis actual es de tipo antropológico. La razón es que estamos “tocando los límites de la instantaneidad, el límite de la reflexión y del tiempo propiamente humano”. Por tanto, no queda más que el reflejo condicionado, lo que nos vuelve incapaces para pensar el espacio real. Ello conlleva que el arrebato haya sustituido a la reflexión, y la ira se haya vuelto una suerte de afecto compartido (Virilio lo llama “comunismo de las emociones”). Su base se halla en el infantilismo del miedo, un miedo imaginario que viene promovido por las “bombas informacionales” (difundidas por los mass media) que sincronizan las emociones a nivel mundial, pues elevan el miedo a la categoría de entorno global, tornándolo cósmico (gracias a que abarca nuestra relación con lo universal). Ello abre el camino para que el pánico venga rodeado de un aura mística, y constituya nuestro “hábitat”; o sea, el lugar en el que se desarrollan nuestros hábitos.

Tal hábitat es un espacio de secesión intransitiva, un éxodo giratorio, un “circuito cerrado, en bucle”, un ultra-mundo fractal (regido por el turbo-capitalismo) y cuyas normas son la ubicuidad y la inmediatez. Un hábitat dominado por la velocidad inmóvil de la interactividad que, paradójicamente, nos fuerza al inmovilismo, nos dice Virilio. En otras palabras, se ha producido una separación entre nuestra conciencia inmediata y la realidad (algo que ya dejara dicho Merleau-Ponty). Se trataría, pues, nos urge Virilio, de recuperar “la línea melódica”,

La implicación más clara -y evidente- de tal desajuste se halla(ría) en el lenguaje, en nuestra falta crucial de su dominio, pues por causa de nuestra desmesura (la recobrada hybris griega) nos gobierna el arrebato que impone la precipitación (siguiendo el dictado de la ideología de la pura instantaneidad y el futurismo) y nos dejamos vencer por la ira permanente. Esto nos conduce, según Virilio, a ser incapaces de verbalizar nuestra frustración (y a caer en la difamación y el insulto). Y es que no podemos escapar a la sensación de que siempre vamos con retraso.

Así, por vencer tal (auto)impuesta ubicuidad e instantaneidad, tal “masoquismo voluntario”, deberíamos preguntarnos, como sugiere Virilio, dónde estamos con respecto al ser-en-el mundo en la era de la velocidad límite. Para tal propósito, deberíamos “tomar la iniciativa para definir las grandes opciones acerca de qué sociedad queremos construir”. Pero para ello, como me parece que ya ha quedado claro, deberíamos ponernos de acuerdo para bailar todos el mismo son, un son humano, claro; o sea, deberíamos ser capaces, sin gritos ni amenazas, ni odios ni chantajes, de entendernos. Se trata(ría) de reconocer que “nuestra totalidad geofísica está efectivamente accidentada” y que (se) nos va la vida en ello.


 
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