Pasos Perdidos
Huida en la noche
Traductor: Mercedes Noriega Bosch
Idioma original: Francés
Páginas: 192
Año 2017
ISBN: 978-84-944769-9-0
PVP: 16,90 €
Formato: Rústica con solapas

Huida en la noche

Emmanuel Bove

Huida en la noche narra la fuga de un grupo de prisioneros franceses de un campo de concentración alemán. Durante la persecución, el protagonista va perdiendo a sus compañeros y cada momento de la huida le hace vivir el mundo exterior como una pesadilla. El miedo a ser capturado no es únicamente un peligro real.

En las novelas de Emmanuel Bove los personajes se resisten a menudo a realizar cualquier acción, a veces por misantropía y a veces por principios que encubren el temor a un inevitable fracaso. En Huida en la noche parece que sí son capaces de actuar, sin embargo sus actos para escapar del campo de concentración sólo conducen a multiplicar su indecisión y sus temores, a provocar una insospechada forma de parálisis.

Huida en la noche es una novela de la soledad. Los peligros que comparten los prisioneros en su fuga no los aproximan ni los hacen más solidarios, entre ellos se levanta un muro y parece que huyen no sólo de sus verdugos sino de sus propios compañeros. La obra de Bove no sirve a ninguna causa extra literaria, no vale más que por su originalidad, por poner al desnudo la condición humana.


Emmanuel Bove
Emmanuel Bove
Emmanuel Bove (París, 1898-1945), seudónimo de Emmanuel Bobovnikoff, es uno de los grandes novelistas franceses del siglo xx. Hijo de un exilado ruso y de una criada luxemburguesa, la infancia de Bove transcurre en París, Ginebra e Inglaterra, y está marcada, según las rachas de fortuna de su padre, por la inestabilidad entre un mundo de lujo y la miseria.
 
En 1924 publica, a instancias de Colette, su primera novela (Mes amis) que conoce un gran éxito, y en 1928 obtiene el premio Figuière, considerado más importante que el Goncourt. A partir de entonces comienza un período de fecunda producción literaria con más de treinta obras publicadas, entre las que destaca El presentimiento (Pasos Perdidos, 2016). Colette, André Gide, Rilke, Max Jacob, Beckett («nadie como Bove ha tenido un sentido tan agudo del detalle») o Peter Hancke, su traductor al alemán, elogiaron su obra.
 
En 1942 consigue abandonar la Francia ocupada por los nazis y en Argel escribe sus tres últimas novelas –entre ellas, La trampa (Pasos Perdidos, 2014) y Huida en la noche– que se niega a publicar hasta la liberación. Durante su exilio en Argelia contrae el paludismo y, a su regreso, muere en París en 1945.

Notas de prensa
Brújulas y espirales - 23/06/2017
Huida hacia ninguna parte
Por Francisco Martínez Bouzas
Aunque tardíamente reconocido, Emmanuel Bove (de nacimiento Emmanuel Bobonikoff, París 1898-1945) está considerado en la actualidad como uno de los grandes narradores franceses de la primera mitad del siglo XX. Autor de numerosas y notables novelas, también de títulos populares que firmaba con pseudónimos, y ajenas, según sus mismas palabras, al oficio de escritor, fue descubierto  por Colette lo que le permitió publicar Mes amis  (1924) que cosechó un enorme éxito. No obstante, caerá en el olvido fundamentalmente por ser un escritor ajeno a cualquier causa que no fuese la literatura. Durante la Guerra y la ocupación alemana, tras verse rechazado sus deseos de unirse a la resistencia en Inglaterra, se traslada a Argelia, donde compuso sus últimos textos: La Piege, Départ dans la nuit  y Non-lieu. La traducción de sus obras al alemán por Peter Handke le redescubrirá de nuevo y recibirá años más tarde el aplauso de Sacha Guitry, Rainer María Rilke, Samuel Beckett o Roland Barthes.
   Huida en la noche es su penúltima novela y, como tantas otras de su autoría, nos hace partícipes del tiempo convulso de la Segunda Guerra Mundial, una época de persecuciones, campos de exterminio y pesadillas del nazismo que él, al menos aparentemente, logró esquivar. Así como del convencimiento de la necesidad de sobrevivir a cualquier costa.
   La voz narrativa que lo hace en primera persona, es la de un soldado francés prisionero y deportado a un campo de trabajo alemán. Son días muy duros, agravados por sus problemas físicos, nunca atendidos por el médico del campo y por la aparente afabilidad que, de forma siniestra, muestran a veces los guardianes del campo, así como por los diferentes y contrapuestos intereses de los mismos prisioneros. La seguridad de una muerte que sienten cercana anima a un grupo de ellos a planear una fuga: evadirse del campo y recorrer a pie cuatrocientos kilómetros a través de Alemania, procurando no ser capturados.
   El protagonista prefiere huir solo, mas las dificultades de la evasión le hacen comprender por primera vez lo que significa realmente estar preso. Desde un destacamento de trabajo, elabora un plan para una huida en solitario, más quiere ser solidario a pesar de la mezquindad de sus compañeros que se ríen de su plan, aunque finalmente se fugan. Pero el protagonista es incapaz de olvidar su drama personal: haber tenido que matar a dos guardianes. Caminan de noche y se ocultan de día. La huida es un continuo aflorar de egoísmos, de miedos, del hambre que no cesa de torturar. A pesar de que llega a Bruselas, será una huida a ninguna parte porque sigue el peligro de ser capturado y devuelto al control de los alemanes donde le espera un pelotón de fusilamiento.
   La novela recorre paso a paso la aventura externa de la fuga, pero, sobre todo y con mayor intensidad, las terribles vivencias internas de la que es víctima el protagonista que le convierten en un hipocondriaco, un paranoico que sufre manías persecutorias. Es víctima de su propia imaginación que crea temores absurdos.
   Emmanuel Bove da muestras de una gran maestría a la hora de expresar estos sentimientos del hombre acosado por el miedo porque él mismo los experimentó en carne propia: fue señalado, perseguido y destinado a un campo nazi de concentración y exterminio. Y sus propias pesadillas se hallan transcritas en las páginas de la novela. La misma ambientación del relato (cuevas, canteras, graneros, vagones de carga…) en los que se ocultan los prisioneros y finalmente el protagonista cuando abandona el grupo, da fe de este miedo cerval que atenaza al fugitivo y que Emmanuel Bove transmite en adecuados retratos psicológicos de sus actantes.
   Una novela de estructura lineal, con un relato centrado especialmente en los personajes, aunque quizás demasiado parsimonioso en la exposición de los planes de fuga y en los repetidos intentos del protagonista para convencer a sus compañeros. Un estilo claro y diáfano, alejado de preciosismos y ornamentaciones formales, nos introduce en esta aventura humana laminada por  las angustias y las pesadillas.
Encuentros de Lecturas - 24/05/2017
Especial Feria del Libro 2017
Por Santos Domínguez
Huida en la noche, que publica Pasos perdidos con traducción de Mercedes Noriega, fue la penúltima novela de Emmanuel Bove y es una obra que remite al mundo inconfundible del novelista, a sus protagonistas indecisos, sometidos a los vaivenes del azar y abocados a la condición de seres solitarios.
 
Tras su trama argumental y su tensa intriga -la huida de una docena de prisioneros franceses de un campo de concentración alemán durante la Segunda Guerra Mundial-, su sentido profundo acaba convirtiéndola en la metáfora de un viaje hacia la soledad.
 
Y el variopinto muestrario de caracteres de los fugitivos que aparecen en sus páginas resumen también las distintas actitudes humanas, los distintos comportamientos ante la vida, que para la amarga visión de Bove es una condena de la que en el fondo no se puede escapar.
 
Por eso hay más tensiones en la conflictiva relación humana entre los fugitivos que la que genera la propia huida o la preparación del plan meticuloso de fuga. El desánimo, los peligros, el miedo, el egoísmo, la deslealtad no frustran pese a todo una huida en la que el protagonista narrador se acaba quedando solo.
 
Y cuando llega a Francia, remata la novela con este párrafo que deja abierta la acción y que se convierte en un mal presagio que se confirmaría en la última novela que escribió, Non-lieu:
 
“Ese despertar en plena noche aún me hacía temblar de vez en cuando. Pero estaba en Francia. Pronto estaría en París, mi ciudad natal. Estaba a salvo, al menos eso creía.”
Revista Détour - 16/05/2017
Hombres marcados
Por Óscar Brox

Hay circunstancias que marcan a fuego el destino de un escritor. Para Emmanuel Bove todo cambió en ese preciso instante en el que fue señalado y perseguido. Convencido de que su futuro no podía estar en un campo de concentración, cuando no directamente en uno de exterminio, trató sin fortuna de huir en dirección al Reino Unido. Finalmente, acabó recalando en Argelia como lugar de exilio y muerte. Aunque pudo regresar a París, la enfermedad que contrajo en tierras africanas le condujo a morir mientras Europa comenzaba a despertar de la pesadilla del nazismo. Si bien Bove fue un autor prolífico, capaz de combinar la literatura ligera con obras de un calado más personal, las novelas que han sido convenientemente rescatadas ofrecen una imagen siniestra de aquella época de cazas humanas y terror. Así hasta erigirse en reflexiones sobre la desconfianza, el individualismo y la supervivencia a cualquier coste.

En Huida en la noche, novela, como La trampa, escrita durante su exilio argelino, Bove nos presenta la realidad mediocre de un grupo de deportados franceses en un campo de concentración. Los días que pasan a la espera de un terror mayor, la siniestra cordialidad con la que los jefes de campo se interesan por los problemas de sus prisioneros o la violencia latente que amenaza con separar en diferentes bandos a aquellos que, ante una muerte demasiado cercana, solo sueñan con la posibilidad de evadirse. En ese contexto, que a buen seguro fue una de las pesadillas recurrentes de su autor, emerge la voz del protagonista, un individuo empeñado en llevar a cabo la fuga a cualquier precio. En busca, tal vez, del retorno a una Francia que en aquel momento ya había hincado la rodilla ante Hitler. Bove describe a su criatura como una figura acosada, acechada por fantasmas demasiado reales, que termina por recurrir al asesinato para facilitar una vía de escape del campo. Aunque eso le cueste más pesadillas, la sensación de que algo siempre funciona mal. Ese dolor interior, verdadera angustia, que le impide mantener un mínimo de esperanza, por mucho que la fuga sea un éxito y se mueva con relativa facilidad por los territorios ocupados de Alemania y Bélgica.

Cualquiera puede imaginar la paranoia del personaje principal como uno de los rasgos de Bove, de aquel ciudadano francés acosado por el miedo a que, aun desde la distancia, alguien reclamase su nombre desde el barracón de un campo de exterminio. Y lo cierto es que, como en otras de sus novelas, Bove transmite ese sentimiento de opresión, de agonía, que pulveriza cualquier atisbo de libertad en su personaje. Hasta el punto de invitarnos a reflexionar sobre la verdadera esencia de la libertad, de cómo, más allá de fronteras o listas negras, se trataba de una cuestión interior. Casi física. Del puro terror que resultaba tan difícil de soslayar cuando se vivía en una época de cacerías y víctimas. De ahí pues que Huida en la noche, especialmente tras la fuga del campo de prisioneros, narre la rápida descomposición del grupo de supervivientes hasta sumir en la soledad a su protagonista. Porque esa época, nos diría Bove, solo entendía el poder de la masa desde el rodillo de la ideología fascista. Cuando se trataba de perseguidos, de los parias, toda resistencia colectiva estaba destinada a perder frente al tremendo sentimiento de supervivencia que conducía a las decisiones más desesperadas.

No sin tristeza, Bove refleja el clima de miseria y miedo cerval (ahí queda, por ejemplo, el personaje de Pelet) que destruye la fuerza del grupo de supervivientes; que alienta a sus personajes a hacer del camino a casa un viaje solitario. Eso, claro está, si es que realmente existe aquel hogar abandonado a la fuerza. No en vano, la suya es una obra surcada por los no-lugares, por las travesías hacia ninguna parte. De ahí que, en su escapada, sean los altillos, los vagones de carga o los graneros los espacios que capitalicen la ambientación del relato. Y, a veces, ni siquiera eso, puesto que Bove elimina deliberadamente muchos detalles para quedarse con la identificación psicológica con sus personajes. Para, en definitiva, describir esa pesadilla interior de la que no se puede escapar.

Huida en la noche es la clase de novela que nos recuerda hasta qué punto los ideales hobbesianos emergían ante destinos tan negros. El terror, la desesperación, también la vergüenza. Todo ello está comprimido en la mirada del protagonista y en su angustiosa fuga a ninguna parte. En busca de un hogar perdido, acosado por el peso de la culpa y de todo lo que ha tenido que llevar a cabo para huir. Sin destino ni, quién sabe, futuro. Como su autor, varado en suelo extranjero mientras Europa trataba de revivir al golpe mortal del nazismo. Sin saber si, acaso, lo conseguiría.


 
Pasos Perdidos 2011
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