Pasos Perdidos
La última vez que veremos el mar
Páginas: 272
2015
ISBN: 978-84-943434-2-1
PVP: 15,90
Formato: Rústica

La última vez que veremos el mar

Fernando Sánchez Pintado

En un mundo de depredadores, ¿alguien puede creerse que está a salvo y es el único que no corre peligro?

Horacio Salgado aprendió desde muy joven que eso no es posible, o tal vez no fue siquiera necesario que lo aprendiera: para él la compasión es debilidad y ha hecho de su vida una estrategia para dominar a los demás.

Pero dominarse a uno mismo no siempre es posible. A veces basta una llamada inesperada.

«Después ya no pudo dejar de esperar la siguiente llamada»

Así comienza esta historia y el trastorno que arrastra a Horacio y rompe la seguridad en que había vivido.

La última vez que veremos el mar es el relato de una espera, de la distancia insalvable que nos separa de los otros, del regreso de un pasado y del amor que se creían olvidados, y de la imposibilidad de borrar la culpa.

Aunque construida en torno a la presencia, sin embargo siempre ausente, de Teresa, la novela no es un relato intimista. Con una prosa sobria y directa nos lleva a los años en que España consolida la democracia; en ese clima de nuevas seguridades y nuevos negocios también puede ocurrir un desastre en el que las relaciones de poder aparecen al desnudo. En ellas se debaten los personajes, encerrados en su soledad y en su encarnizamiento, para imponerse o escapar de los otros.

 

ENTREVISTA CON EL AUTOR

 


Fernando Sánchez Pintado
Fernando Sánchez Pintado

Fernando Sánchez Pintado (Madrid, 1950), licenciado en filosofía, ha desempeñado numerosas funciones en la Administración del Estado. En la actualidad es editor. Ha publicado las novelas Un tren puede ocultar a otro (Endimión, 2004), Contrariar al zurdo (Barataria, 2006) y Performance (Barataria, 2010). 


Notas de prensa
Revista El Ciervo - 09/12/2015
LA ÚLTIMA VEZ QUE VEREMOS EL MAR, de Fernando Sánchez Pintado.
Por

La última novela de Sánchez Pintado es el relato de la "distancia insalvable que nos separa de los otros". Su trama se inscribe en el naufragio en diciembre de 1987 en las costas de Fisterra de un barco panameño con más de mil toneladas de productos químicos peligrosos. Los protagonistas, Horacio Salgado y Teresa, en el marco de los 80, periodo clave en la historia de este país.

lA OPINIÓN DE mÁLAGA - 24/08/2015
Las tardes con Teresa de Sánchez Pintado
Por Alfonso Vázquez

El editor y escritor Fernando Sánchez Pintado publica La última vez que veremos el mar, una reflexión sobre el pasado y el poder.

Fernando Sánchez Pintado (Madrid, 1950) pertenece a la reducida estirpe de los editores que también escriben y publican. Autor de las novelas Un tren puede ocultar a otro (Endimión, 2004), Contrariar al zurdo (Barataria, 2006) y Perfomance (Barataria, 2010), acaba de publicar en Pasos Perdidos la hermosa e intensa novela La última vez que veremos el mar.

Hermosa e intensa porque desde las primeras páginas regresa del pasado a la complaciente vida del empresario Horacio Salgado una mujer llamada Teresa. Pese a que no aparecerá hasta el final de la novela, la sombra de Teresa, siempre misteriosa, sobrevuela toda la novela y este es uno de sus mejores aciertos.

Pero La última vez que veremos el mar es también una reflexión implacable sobre el poder y sus mecanismos internos en una España que empezaba a alcanzar velocidad de crucero tras la Transición. E indaga además en los sentimientos, en los amores imposibles y en las heridas familiares que sólo salen a la superficie con una prolongada enfermedad. En este sentido, hay páginas de la obra que recuerdan a las indagaciones psicológicas de los personajes de Javier Marías, sin olvidar las reflexiones sobre el poder, que también abundan en el autor de Mañana en la batalla piensa en mí.

Pero lo que podría resultar una lectura quizás demasiado pausada se convierte en la segunda parte de la obra en una ligera y acertada tragicomedia administrativa, con un desastre ecológico en aguas gallegas como telón de fondo, una ocasión para retratar las miserias de ese poder y de paso, cobrarse cumplida venganza.

La novela cierra el círculo al dar respuesta en la parte final a todos los enigmas que se ciernen sobre la omnipresente. Como asegura Horacio Salgado, la vida no es un largo río tranquilo, pero habrá momentos que nos deparen tardes frente al mar que marquen la existencia.

Gestiona Radio - 19/06/2015
Entrevista en el programa 'El marcapáginas' de Gestiona Radio
Por David Felipe Arranz

Entrevista a Fernando Sánchez Pintado en el Marcapáginas de Gestiona Radio.

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Revista Détour - 19/06/2015
Fernando Sánchez Pintado. Tiempo de silencio
Por Óscar Brox

Nunca se aprende a renunciar (a una vida, a una persona o a un lugar), como mucho a confiar en que el tiempo hará su trabajo y erosionará aquello que en algún momento fue importante. Así que nos dejamos llevar, casi por inercia, mientras las nuevas historias usurpan el sitio de las antiguas. Aunque no podemos eludir el poso de amargura, la colección de silencios, palabras atropelladas y gestos desencajados que preludian el instante final, hacemos todo lo posible para escapar de las garras de la melancolía. Para, en definitiva, convencernos de que somos capaces de recordar las cosas a nuestra manera. Esa última imagen que sella un tiempo, una vida o una relación.

La última vez que veremos el mar explora este pequeño gran conflicto emocional como un rasgo característico de la madurez, etapa en la que todo parece asentado y, por eso mismo, son los desajustes sentimentales los que se expresan con mayor dureza. Los que, en cierto modo, golpean a su protagonista en forma de un pasado cuyo eco sigue sonando, como un murmullo, en su interior. Fernando Sánchez Pintado nos sumerge en los años de la consolidación de la democracia, tras la victoria electoral del PSOE. Horacio Salgado, su protagonista, afronta ese periodo desde una mirada que ha aprendido a abandonar las cosas: los ideales de juventud, la pasión por las causas perdidas y el amor por la mujer que le enseñó a seguir ese camino. Acomodado en un puesto al servicio del poder, Horacio se dedica a fintar cualquier riesgo para garantizar su seguridad personal, como si se moviese en sentido inverso al de una España que se dejaba abrazar por el furor de la libertad.


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Medrar es lo que asegura un futuro. Sin embargo, Sánchez Pintado dibuja a su protagonista como si caminase sobre el vacío, en un equilibrio siempre precario en el que, haga lo que haga, no deja de sentir las heridas del pasado. A Teresa, cuya última llamada le ha llevado a recuperar unos sentimientos que creía perdidos en el fuego; y a Violeta, su hermana, el único vínculo que le mantiene unido con un padre agonizante en el que ha depositado todo el lastre de otros tiempos que es mejor no recordar. No en vano, si algo envidia a su ayudante Acosta es que, a diferencia de Horacio, aquel todavía puede vivir sin recordar; puede acumular experiencias sin que el peso de cada una de ellas caiga a plomo sobre sus espaldas. Es libre, como la España que ha florecido en la democracia, y no necesita participar en el juego de supervivencia en el que se mueve su jefe. Incapaz de cerrar un daño, invisible a la vista de cualquiera, que le corroe por dentro cada vez que escucha la voz de Teresa.

Durante la novela, somos testigos de los tejemanejes políticos que desembocan en la crisis y la gestión de una catástrofe ambiental en las costas gallegas, del derrumbe emocional de sus personajes y de esa luz esperanzadora, una última tarde en la orilla del mar, que describe el horizonte vital de su protagonista. O cómo no puede resistir el silencio que cada vez más se cierne sobre su relación con Teresa, la neurosis que atenaza a Violeta mientras ultima la construcción de un centro cultural o el aprendizaje rápido de Acosta del juego político y de sus adversarios. Aunque lo que en verdad no puede soportar es dejar atrás la vida que le esperaba, el amor que cortó su flujo, las voces que poco a poco se han apagado y los rostros familiares que le ligaban a unos lugares que ahora parpadean débilmente en su memoria. En fin, esa renuncia que asola a Horacio como la peor de las melancolías, la que transforma a las personas en cosas vacías que no se sabe dónde meter, cuya huella emocional queda grabada en lo más hondo de nuestras entrañas.

A menudo, no podemos resistir esa sensación de que echar la vista atrás implica juzgar como un fracaso todos aquellos proyectos vitales que se quedaron en el camino. Y, sin embargo, cuánto nos aferramos a esa decepción, cuántas veces giramos obsesivamente sobre ella, sobre sus últimas palabras, sobre esas voces que, ya tenuemente, se despidieron. La última vez que veremos el mar es una novela sobre ese instante fatal, cuando echamos una postrera mirada y, de pronto, somos conscientes de que no volverá a suceder. Quizá el golpe más devastador que produce la madurez, cuando ya casi no quedan experiencias nuevas para borrar las antiguas. Sánchez Pintado nos conduce por sus entresijos como si siguiésemos la geografía de un río en el que resulta imposible remontar sus aguas. Solo dejarnos llevar, en la triste melancolía, por aquellos lugares, hoy espacios fantasmales, que en algún momento habitamos. Por aquella persona, hoy una voz que se apaga, que alguna vez amamos. Por todo lo que fue, pero ya no es. Tiempo de silencio.


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Cadena Ser - 18/06/2015
Fernando Sánchez Visita “Rincón Literario” de Cadena SER
Por José Manuel Contreras

Puedes escuchar la entrevista aquí: http://www.sermadridsur.com/multimedia/2015/06/audio/noticias_50787_49811.mp3

«Después ya no pudo dejar de esperar la siguiente llamada». Así comienza esta historia y el trastorno que arrastra a Horacio y rompe la seguridad en que había vivido.

La última vez que veremos el mar es el relato de una espera, de la distancia insalvable que nos separa de los otros, del regreso de un pasado y del amor que se creían olvidados, y de la imposibilidad de borrar la culpa.

Aunque construida en torno a la presencia, sin embargo siempre ausente, de Teresa, la novela no es un relato intimista. Con una prosa sobria y directa nos lleva a los años en que España consolida la democracia; en ese clima de nuevas seguridades y nuevos negocios también puede ocurrir un desastre en el que las relaciones de poder aparecen al desnudo. En ellas se debaten los personajes, encerrados en su soledad y en su encarnizamiento, para imponerse o escapar de los otros.

Periodista Digital - 21/05/2015
Fernando Sánchez Pintado en Periodista Digital
Por Lorenzo Rodríguez

Entrevista en Periodista Digital. Para verla, pulse aquí.

Vallecas Digital - 06/05/2015
Entrevista a Fernando Sánchez Pintado por su novela ‘La última vez que veremos el mar’
Por Alexandra Manza

Vallecasdigital.com ha tenido el placer de entrevistar a Fernando Sánchez Pintado por su novela ‘La última vez que veremos el mar’.

En primer lugar, nos gustaría que nos hablaras de ti, qué te inspira.

Durante muchos años he trabajado en la Administración del Estado, desempeñando funciones muy variadas, por ejemplo como gerente del museo Reina Sofía o en el museo del Prado. Dejé la Administración y, en la actualidad, soy editor. Pero siempre he tenido una actividad paralela: la escritura, aunque más que actividad debería decir que se trata de una pasión. Como es lógico, no he dispuesto de todo el tiempo que me habría gustado dedicar a escribir, pero creo que eso no ha sido negativo, sino que me ha permitido tener una visión más realista o más diversa de las cosas.

¿Cuándo decidiste que lo tuyo era escribir?

Podría decir que desde siempre. Sin embargo, tardé años en decidirme a hacerlo de manera continua, tal vez por lo que podríamos llamar “miedo escénico”, una mezcla de pudor y temor a no estar a la altura de los escritores que admiraba. Al final, vencí el pudor y comprendí que no hay modelos absolutos y cada uno escribe partiendo de sus vivencias y su forma de pensar.

“El eje de la novela es la irrupción en la vida de Horacio, el personaje central, de un amor que se creía olvidado, de un pasado que ha intentado enterrar”

Para aquellos que no hayan oído hablar de la novela, ¿qué se van a encontrar en ‘La última vez que veremos el mar’?

El eje de la novela es la irrupción en la vida de Horacio, el personaje central, de un amor que se creía olvidado, de un pasado que ha intentado enterrar. Y esta súbita aparición trastorna su vida, quiebra su seguridad y ya no puede pensar, como hasta entonces, que en este mundo o se domina o se es dominado. Pero no es una novela intimista, la acción transcurre entre historias y personajes que se entrecruzan y constituyen un retrato de la transformación social y moral de la España de los años ochenta. Así que podría decirse que la novela también es un examen de conciencia de una época.


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¿Cómo se te ocurrió la idea?

Mucho antes de empezar a escribirla. Tuve muy claro el principio de la novela (una llamada telefónica, un amor que vuelve y una larga espera) y también el final que transcurre frente al mar. Pero no sabría decir cómo ni de dónde surgió esta idea, simplemente se impuso y fue creciendo. También sabía que no sería una historia lineal y que el personaje central era muy representativo de la soledad que casi siempre va unida al poder. El resto, es decir, la novela misma y todos los personajes que dan vida a la historia, vinieron después de muchas horas de trabajo.

¿Y el título?

El título, La última vez que veremos el mar, tuvo dos momentos. En el primero estaba “el mar” que es un personaje más de la novela. En el segundo, cuando llevaba buena parte de la novela escrita, lo tuve ya completo. Con él quería expresar que ya ha ocurrido todo, que es un final y, sin embargo, hay algo que obliga a empezar o a creer que se empieza.

Dicen que todo autor deja parte de su esencia en su novela, ¿qué hay de ti en esta?

Para un autor, o al menos para mí, es muy difícil deslindar, una vez acabado el texto, lo que es ficción de lo que tiene su origen en las propias vivencias. En todo caso, no hay ningún personaje ni situaciones que tengan un paralelismo exacto en la realidad. Por supuesto, la catástrofe marítima que ocupa un lugar central en la novela está basada en hechos reales, para lo cual tuve que documentarme exhaustivamente, aunque el resultado no es el de un reportaje, sino que está novelado y forma parte del desarrollo novelesco de la acción. Por otra parte, lo que sí hay de más personal en el libro es la forma de entender los problemas éticos que se ponen de manifiesto en la tenue frontera que hay entre realidad y deseo.

¿Hay experiencias propias en el libro?

Como acabo de señalar, la novela tiene elementos basados en la realidad y otros que, sin duda, surgen de las propias experiencias, pero todo ello queda transformado en una obra de ficción. Con lo cual es casi imposible deslindar unos de otros, salvo el desastre marítimo al que me he referido. No obstante, experiencias, imaginación y hechos reales tienen una única fuente, que es el pensamiento y la vida del escritor. Por poner un ejemplo, como he dedicado muchos años de mi vida a la administración pública, no es extraño que, aun siendo ficción, parte del trasfondo de la novela tenga relación con la forma en que se actúa en la vida política.

Dicen que los amigos de escritores tienen miedo de contar anécdotas delante de ellos por si las sacan en sus libros, ¿es tu caso?

Hasta ahora no ha habido quejas. Sin embargo, es curioso que más de una vez me han dicho que tal personaje es o se parece a fulano, o que tal situación tiene que ver con tal otra vivida por alguien. Pues bien, en general se han equivocado, porque en cualquier obra de ficción los personajes nunca son los reales e incluso las situaciones quedan transformadas radicalmente, porque responden a otra lógica que es impuesta por los propios personajes de ficción.

Recorres los años en los que en España se estaba consolidando la democracia, ¿cómo fue el proceso de documentación?

Para un suceso concreto, que ocupa un lugar importante en la novela, tuve que recurrir a lo que fue publicado en el momento en que sucedió, en 1986, concretamente en diversos medios de comunicación. Para el conjunto, sin embargo, no tuve que documentarme excesivamente salvo para algunos detalles,  porque lo viví directamente.

Eres tu propio editor… Alguno dirá que eso es hacerse trampas al solitario, ¿no?

Como editor tengo la suerte de que hasta ahora he podido publicar obras que me parecía que tenían suficiente calidad e interés, tanto en narrativa como en ensayo. Por supuesto, puedo equivocarme y lo que la editorial cree interesante no siempre los lectores lo ven así. Ese es un elemento esencial en la vida editorial y la hace apasionante. Como escritor ya había publicado en otros sellos editoriales, en este caso opté por hacerlo en Pasos Perdidos y, en tanto que editor, le doy el mismo trato que a cualquier otra obra.

¿Qué es lo que más valoras a la hora de que te hagan una reseña de tu novela?

Una obra no está completa hasta que no es leída por terceros, en cierto modo empieza con cada lectura. Por tanto, cualquier crítica es valiosa, sea positiva o negativa. Algunas incluso me hacen ver lo que he escrito con otros ojos, me descubren aspectos que, sin ser consciente de ellos, estaban en la obra. Esas son las que para mí son más valiosas.

¿Qué sensación quieres arrancar a los lectores?

Mientras escribo no pienso en los lectores, hacer las dos cosas a la vez me resultaría imposible y, en cierto modo, falsificaría la escritura. No obstante, lo que desde luego desearía conseguir es que los lectores, además de disfrutar mientras leen, una vez acabada la novela sintieran y entendieran un poquito mejor cómo son las cosas.

“En estos momentos estoy trabajando en un ensayo que gira en torno al papel de la mentira en la vida social”

¿Estás escribiendo alguna nueva novela?

En estos momentos estoy trabajando en un ensayo que gira en torno al papel de la mentira en la vida social. Quizá la palabra ensayo sea un poco excesiva, porque será breve y no pretendo que recoja todo lo que un tema como éste implica, sino centrarme sólo en algunos de sus aspectos. Aunque no tengo la capacidad de abordar al mismo tiempo otra obra, he comenzado a esbozar otra novela. Pero todavía no es más que un esbozo.

¿Tienes, a la hora de escribir, alguna manía?

Debo de tenerlas, porque sólo soy consciente de ellas cuando me dicen que las tengo. Pero a mí me parecen de lo más normal: necesito estar solo, que no me pregunten sobre lo que estoy escribiendo, andar, a veces dando vueltas por mi casa hasta que encuentro la palabra exacta, y también beber café y volver a fumar cuando ya lo había dejado.

¿Qué consejos les darías a aquellas personas que quieren publicar?

Como escritor lo primero que tiene uno que hacer es estar convencido de que lo que ha escrito responde a lo que deseaba escribir. Y después de que esté convencido, dejarlo reposar y volver a ello al cabo de un cierto tiempo. Seguramente entonces lo volverá a corregir. Aún le queda otro paso, que es darlo a leer a dos o tres personas que sean buenos lectores y en las que confíe en que van a ser objetivos. Al final, viene el mundo editorial. Ahí ya no depende de él. En todo caso tiene que buscar editoriales cuyo catálogo esté relacionado con el tipo de obra que él ha escrito. Cuando tenga un número razonable de editoriales que acepten manuscritos, puede enviarles su obra con una exposición breve de su contenido y esperar pacientemente el resultado.


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Scherzo - 27/04/2015
Rapsodia: La última vez que veremos el mar
Por Santiago Martín Bermúdez

Esta vez, Fernando Sánchez Pintado opta por la rapsodia. La forma rapsódica es la antiforma, es la forma libre, es el doblegar la música a lo ajeno a la música. Esa es la teoría. No estoy de acuerdo. ¿O es que la forma sonata es intrínseca a la música y no algo tardío que le puso reglas y le cierta lógica, algo muy respetable, pero no necesariamente más musical que la denigrada música programática?

Uno se repite, ay. Ni siquiera recuerda uno dónde se repite. Felizmente, uno repite también ciertas lecturas, algunas autores, el aroma de prosas, versos y dramáticas que regresan una vez, y después otra. Sánchez Pintado es uno de ellos, y es autor de esta rapsodia que es narración con punto de vista, y es autor al que uno regresa: La última vez que veremos el mar. Dimos cuenta en esta bitácora de su novela Performance, polifónica, como la novela de Santiago Asensio que comentábamos hace poco. Han pasado cuatro años, caramba. Y ahora llega, felizmente, La última vez que veremos el mar, que algunos considerarían forma sonata con más de dos temas principales, pero con desarrollo y recapitulación y coda, todo en su momento y en su justo lugar. Lo siento, pero no, a mí parece forma libre, y el punto de vista a que nos referíamos es el subjetivismo que le impone a la secuencia musical su propia lógica narrativa.


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Esta novela se puede leer de varias maneras. O, mejor dicho, se pueden acentuar algunos de sus aspectos. Me gusta mucho más que la corrupción aparezca sólo un poquito, sin la brutalidad de hoy día, porque la acción es de hace tres décadas, y las cosas todavía no eran tan amplias ni tan de dominio público. Y se podían creer cosas y cosas, o eso creo recordar. Siento predilección por narrar y que me narren acontecimientos que apenas despuntan, porque mi punto de vista y lo ya transcurrido me permiten percibir mejor el guiño y no necesitar en absoluto la contundencia. Hay guiños en esta novela en que los personajes viven eso que se llama crisis de la cuarentena o cincuentena, y que no es tanto una crisis como un habitual derrumbamiento del que se sale como se puede. O no se sale. Horacio, Cruz y Teresa están ahí, en el borde del hundimiento, o hundidos ya. Teresa es un logradísimo ejemplar del personaje ausente, que tanta importancia histórica tiene en teatro, en cine y en narrativa.

La Transición ha sido, pero está siendo. Los llamados depredadores se constituyen, forman grupos y alianzas, pero todavía no se ha dado comienzo a lo que hoy sabemos de sobra. Utilizo la palabra depredadores porque la usa el autor, pero hay cosas en este relato que me interesan más que la dimensión depredadora de algunos de ellos (¿de todos ellos?) Hermoso personaje el de Cruz, que se llama de otra manera pero que se llama Cruz, la hermana, débil y porfiada, quién sabe si fácil de herir y difícil de matar. Surgente personaje el de Teresa, radical, ecologista, se diría que ajena al compromiso con lo feo de la realidad, hasta el punto de inventar otras y encarar incluso la muerte. Interesante, ya que no hermoso, el personaje de Horacio, en cuya piel no se mete el autor, sino que lo imagina. Como si Sánchez Pintado dijera: voy a edificar un relato a partir de la perspectiva de alguien con un status ajeno al mío, pero de cuya especie he tratado ejemplares a menudo.

Para los que conocemos la administración, es interesante el tipo llamado Javier, superviviente de todas las administraciones. Conocí este tipo de funcionario depredador, tiburón, halagador del mandamás, pero hábil, pues sólo advierten su bajeza algunas almas ajenas; es el que finge no humillarse pero se humilla; el que finge no clavarte una puñalá, pero te la clava; que no es hipócrita, sino fingidor, y no como los poetas invocados por Pessoa; se pone manso para que te acerques y entonces oler tu status y obrar en consecuencia, desde ponerse más manso aún hasta devorarte lo primero que caiga en su mandíbula habituada. Bah, no insistamos en estos campos. Aquí, se llama Javier.

Hay otros personajes, que son los ancestros inmediatos, pero ya está bien con los hijos y sus maneras de supervivencia. Ninguno sobrevive como Horacio. Ninguno ha sobrevivido tanto como Javier, aunque ahora haya encontrado la horma de su zapato donde no esperaba. Hay una ciudad y unos ambientes, un retrato mediante impresiones y detalles más que por acumulación de datos y derivaciones. Estamos en 1986. “ellos” llevan poco en el poder. No hay quien les tosa. La derechona tiene un cabreo descomunal, sobre todo porque ve que “ellos” no eran lo que se esperaba, y que se les parecen demasiado. Así, qué difícil va a ser regresar al poder.


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Cadena Ser - 23/04/2015
El recuerdo del Casón, en un libro
Por

El Día del Libro nos invita a acercarnos a las librerías, y en ellas hemos encontrado una novela cuya trama está ambientada en  el naufragio del Casón, un mercante cuya carga tóxica puso en vilo a toda la comunidad gallega una noche de diciembre de 1987.  La última vez que veremos el mar, de Fernando Sánchez Pintado se ambienta en los acontecimientos que entonces provocaron una gran alarma social (se llegó a decretar la evacuación de Fisterra, Cee y Corcubión) y una revuelta ciudadana sin precedentes alimentada por la falta de información de las autoridades y el riesgo evidente que se suponía entrañaban los bidones que transportaba el mercante naufragado. La novela nos sirve, además, para acercarnos a los años de la consolidación de la democracia en España, con su profunda transformación social.

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Onda Madrid - 22/04/2015
Entrevista en el programa "Aquí no hay playa" de Onda Madrid
Por Paloma Nolasco

Entrevista a Fernando Sánchez Pintado, autor de "La última vez que veremos el mar", en Onda Madrid. Pulse aquí


 
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